Es habitual que en estos tiempos de reflexión y sin tantas distracciones algún miembro o ambos de la pareja se pregunte «realmente… ¿tenemos futuro juntos?«. Un factor pronóstico de esto es la capacidad de resolver conflictos de la pareja.

Ahora yo os pregunto, ¿en qué momento creéis que surgen las dudas de futuro?.

En las personas sucede algo muy curioso, y es que cuando estamos tristes o enfadados lo cuestionamos todo («¿por qué a mí?», «¿por qué tengo que estar soportando esto?»), sin embargo, cuando estamos alegres lo vemos todo con las gafas rosas de la alegría.

¿Cómo sabremos si estos pensamientos están surgiendo a causa de conflictos recientes? o si por el contrario ya hemos elaborado suficientes argumentos con un estado de ánimo neutro que nos permite tomar mejores decisiones sobre nuestra vida. Pues, efectivamente, ya lo hemos dicho. Requiere pensamientos elaborados con el paso del tiempo y con niveles de ansiedad bajos, cuando pensamos racionalmente las cosas. Podemos decir «pues esto va a ser difícil que podamos mejorarlo», «hemos entrado en un bucle», «no quiero seguir viviendo así».

Entonces abrimos la puerta a tres posibilidades de respuesta ante estos acontecimientos:
1. Seguimos realizando las mismas acciones. Ej: discutir hasta hartarnos, evitar el tema.
¿Qué conseguimos con esto? Mismas respuestas llevarán a mismos resultados derivando en un deterioro progresivo de la relación a causa de las discusiones y rencores generados.

2. Intentamos acciones diferentes. Ej: proponerle a nuestra pareja un acuerdo o negociación nuevo.
De este modo, conseguiremos resultados diferentes, tal vez no encontremos a la primera la solución perfecta pero podemos ajustar el acuerdo hasta conseguirla.

3. Solo un miembro de la pareja lo intenta. Por mucho que uno quiera, si ambos miembros de la pareja no ponen de su parte es prácticamente imposible conseguir resultados diferentes y satisfactorios. Esto llevará a la persona que lo intenta a sentir que «haga lo que haga, no servirá para nada«. Lo que en psicología denominamos indefensión aprendida. En este estado la persona acabará abandonando la idea de mejorar la situación porque ha perdido la esperanza, apareciendo sentimientos de soledad e incomprensión. A la larga probablemente, el deterioro llegue a ser tan insoportable que la relación acabe con una ruptura.

 

La capacidad de la pareja para buscar conjuntamente nuevas y fructíferas soluciones a los diferentes conflictos que van surgiendo resulta determinante a la hora de pronosticar un futuro juntos o por separado. Esta capacidad tiene la virtud de poder entrenarse y si en momentos puede hacerse más complicado tener este buen desempeño por las circunstancias, siempre pueden haber nuevos espacios para seguir practicando y mejorando como pareja. Esta buena resolución de conflictos podemos extrapolarla también al ámbito personal de cada uno, además de poder ayudarnos con los hijos. Así, los hijos tendrán la facilidad de aprender desde que puedan a resolver los conflictos de una manera adaptativa, lo que les reportará grandes ventajas.

Carla Melián - Discusión de pareja

Al cabo de un tiempo puede pasar que nuestra pareja no nos parezca la misma. ¿Cambió?, ¿estoy conociendo ahora a la persona que realmente es?. Evidentemente, cuando acabamos de conocer a una persona es imposible conocer todos sus aspectos en todas las situaciones posibles. Sin embargo, con el tiempo nos vamos haciendo una idea cada vez más ajustada a la realidad.

¿Cómo se forman esas expectativas? Las expectativas, en general, se van formando progresivamente así como van cambiando y adaptándose a nuevas vivencias. Desde nuestra infancia, se van creando expectativas en base a todo lo que nos rodea, influidas por la educación que recibimos, lo que vemos en casa y en nuestro entorno. Un buen ejemplo es cómo la relación de nuestros padres nos enseña lo que nosotros consideraremos «normal» en una relación. Al fin y al cabo es la relación que primero presenciamos y además se trata de la relación que mantienen nuestros referentes vitales.

¿Por qué me formo expectativas (hacerse ilusiones) si después me decepciono? De serie los humanos formamos expectativas porque tienen una gran utilidad para nosotros. Una de ellas es conseguirnos mucha información en poco tiempo preparándonos para las situaciones que vamos a vivir, de modo que nos ayudan a tolerar la incertidumbre. ¿Cómo será?, ¿qué pasará?, son preguntas frecuentes que no tardamos en contestar con las expectativas.

¿Qué pasa si mi pareja no cumple mis expectativas? Lo habitual es que al principio nuestra pareja nos parezca que cumple prácticamente con todas nuestras expectativas. Esto se debe a que uno trata de lucir lo mejor de sí mismo al comienzo, pero también se debe a que la otra persona osea, yo, estoy predisponiéndome a buscar pistas que confirmen que dicha persona cumple mis expectativas, y solemos ignorar la información que contradice este hecho. No nos interesa en ese momento darnos cuenta de que realmente esa persona es como es, y no tiene por qué cumplir a la perfección con esa imagen que buscamos. Este «error» en psicología lo denominamos sesgo de confirmación y es muy común en el pensamiento humano a todos los niveles.

¿Qué conclusiones sacamos? Es normal que en las fases de conocerse y enamorarse solo veamos la parte que nos gusta. Esto no significa que no exista esa parte que no nos guste o que nos guste menos. Simplemente empezamos a apreciarla más tarde porque estamos ensimismados y no vemos más allá en esos momentos. ¡Tranquilos, es humano!.

Envíanos tus dudas o sugerencias para próximos artículos 🙂

Carla Melián - Discusión de pareja

Son tiempos complejos y extraordinarios, esta cuarentena impuesta puede tornarse para algunas personas insoportable a todos los niveles. La relación de pareja, concretamente, puede verse especialmente afectada debido a la gran cantidad inesperada de tiempo compartido. Además, ¿quién se esperaba estrenar una nueva y prometedora década con una cuarentena?. Todavía muchos estamos en proceso de asimilación.

Vamos a ver cómo podemos disfrutar de este tiempo juntos y así salir reforzados como pareja. ¿Misión imposible?.
A veces solo hace falta destinar los recursos a las actitudes adecuadas, es decir, menos esfuerzos en reprochar y discutir y más en sorprender a tu pareja con un halago o algún reconocimiento.

No paramos de discutir. Lo ideal es prevenir el conflicto antes de que ocurra. Sin embargo, si ya se ha producido el inicio podemos poner en práctica la siguiente técnica:

Detención del conflicto.
1. En el momento en que uno de los miembros de la pareja se dé cuenta de que la situación solo puede ir a peor, se utilizará una palabra que será SAGRADA. Para ello, escogeremos una palabra cualquiera, por ejemplo, «tregua» (se puede probar con alguna palabra que a ambos les haga gracia).
2. Una vez uno de los miembros pronuncie dicha palabra habrá un retiro físico de la pareja. Cada uno se va a un sitio diferente de la casa y trata de relajarse buscando argumentos contrarios a los que estaban fomentando la discusión. Ejemplo: Lucía estaba discutiendo con Hugo porque ella piensa que Hugo no ayuda nunca en las labores domésticas. Hugo, sin embargo, no piensa que eso sea verdad, ya que él se queda con los niños mientras Lucía hace las labores domésticas.
Bien, imaginemos que Hugo dice «tregua». Cada uno se va a un lado, y el ejercicio consistiría en que cada uno buscara razones contrarias a las que defiende. Así, Lucía pensaría «Pues sí que es verdad que Hugo se queda con los niños y gracias a eso puedo hacer las cosas de la casa más tranquila», y Hugo pensaría «Es verdad que no tiendo o lavo los pisos, ¿tal vez prefiera que le eche una mano aunque los niños estén por ahí? o ¿tal vez podamos cambiarnos?.

¿Qué conseguimos con esto?. Ambos reducirán su nivel de estrés y de ira, ya que se han retirado del conflicto. Además, han encontrado razones que pueden ayudar a entender la visión del otro, con lo que ya pasamos de la defensa y el ataque a la comprensión y resolución de conflictos. En este caso, si Hugo expresa esas alternativas que se le han ocurrido pueden llegar a una solución que minimice los conflictos. Probablemente, Lucía quede más satisfecha que seguir del mismo modo. A Hugo puede ser que al principio le cueste un poco, o que incluso prefiera seguir del mismo modo, porque está acostumbrado a estar con los niños y puede que así lo prefiera, pero a largo plazo sabe que es lo más conveniente y justo para su relación.

PD: A lo largo de este periodo, iremos lanzando capítulos cortos sobre cómo ir domando a esos basiliscos internos que conviven en pareja 🙂