Uno de los temas que más nos preocupan a las personas y por los que más consultas recibimos l@s psicólog@s es por las relaciones interpersonales, el amor, las rupturas y los daños derivados de ellas. El mayor malestar sufrido por las personas que consultan es porque una ruptura definitiva se ha efectuado, o bien, la relación continúa con intermitencia y grandes vaivenes emocionales que también generan un profundo malestar.

¿A qué llamamos relaciones tóxicas?
Son relaciones que causan en general más malestar, más ansiedad y más miedo que otro tipo de relaciones, por eso se suele decir que son destructivas. Lo más común es que ambas personas sufran dichas emociones, pero también puede darse que una de ellas no sufra, no sufra tanto, o saque más beneficios que la otra.
Las relaciones tóxicas más conocidas son las de pareja, pero la realidad es que mientras dos seres humanos estén involucrados no importa qué los una, puede ser una relación tóxica.

¿Cómo pueden ser estas relaciones?
Pueden ser relaciones asimétricas, donde uno de los miembros posea un rol dominante mientras que la otra persona puede poseer un rol pasivo. En este tipo de relaciones pueden generarse unos sentimientos de dependencia, por un lado, el rol dominante es complejo de llevar por lo que muchas personas no estarán dispuestas a soportarlo. Por otro lado, el rol pasivo por lo general, prioriza las necesidades de los demás a las suyas propias por lo que es una relación de simbiosis en la que el rol pasivo se acopla al rol dominante. El rol pasivo tenderá a complacer al rol dominante, y el rol dominante tenderá a exigir constantemente al rol pasivo puesto que consigue lo que quiere. Como el rol dominante tiende hacia el conflicto el rol pasivo tenderá a evitar dicho conflicto, por eso complace y calla.
Pueden ser también relaciones conflictivas en las que ambos miembros poseen un rol dominante y los choques son continuos. Abundan las peleas y las rupturas, sin embargo esa dependencia que han ido desarrollando les hace difícil poder separarse definitivamente.

¿Qué es normal y qué no es normal en una relación sana?

  • Normal es:
    – Equivocarse sin tener miedo, sin que existan reproches.
    – Decidir conjuntamente.
    – Expresar pensamientos, sentimientos y deseos libremente.
    – Proponer planes nuevos y disfrutarlos.
    – Respetar el espacio, tiempo libre compartido y no compartido.
    – Apoyo y confianza mutua.
  • Normal NO es:
    – Recibir burlas o humillaciones.
    – Estar cuidando cada cosa que dices o haces para que no haya consecuencias.
    – Las conversaciones y las preocupaciones giran entorno a la otra persona siempre.
    – Celos y control. ¿Dónde estás?, ¿con quién estás?, ¿qué estás haciendo?, ¿por qué te vistes así?, ¿por qué le miraste así?, no entiendo por qué te gusta salir con esa persona, quiero que estés siempre conmigo, ¿por qué no me cogiste el teléfono?. Los celos más dañinos son aquellos que contienen un mensaje peyorativo, despectivo y humillante tanto si va dirigido a la persona que lo recibe directamente o para el objeto de los celos (ej: el mejor amigo de su pareja).
    – No atreverse a hacer cosas por miedo.
    – Ordenar y amenazar.
    – Chantaje emocional. Veamos un ejemplo práctico: «yo prefiero estar contigo, ¿por qué tú prefieres salir con tus amig@s?, yo te echo de menos, ¿por qué estás tan bien lejos de mí o estando sol@?». Esto genera sentimientos de culpa en el receptor de dichos mensajes lo que va a repercutir en la toma de decisiones futura.

Mitos que fomentan la relación tóxica y la dependencia emocional
Existen una serie de factores que contribuyen en nuestra cultura al desarrollo y mantenimiento de este tipo de relaciones, sobretodo en la pareja. ¡Cuánto daño han hecho las canciones románticas de antes!

  • Si no duele no es amor. El amor no tiene que doler para ser amor.
  • El amor tiene que ser absoluto y omnipotente. El amor no tiene que ser siempre igual de intenso y demostrarse todo el tiempo ni en todos los contextos.
  • Si no tiene celos es que no me quiere tanto. Los celos no forman parte del amor, forman parte de la inseguridad propia de la persona que los tiene, por ejemplo, miedo a la soledad. La posesión, el control o la vigilancia no forma parte de un amor sano. Cuidado con confundir el romanticismo como excusa para controlar.
  • Perfeccionismo. Podemos ver un ejemplo en la frase «El amor tiene que triunfar porque si no sería un fracaso terrible que no podría aceptar ni superar». El amor es susceptible de cambio, puede variar, transformarse o desaparecer. Esto no se elige y no debe verse como un fracaso personal, ese amor cumplió una función mientras estuvo.
  • Mi pareja me completa. La pareja en ningún caso es una parte de nosotros, cada uno tiene una identidad individual separada. Desde que confundamos esto ya estamos entrando nuevamente en terreno de dependencia emocional ya que creemos que esa persona es parte de nosotros o incluso una posesión. Los roles dominantes tenderán a pensar en el otro como una posesión y los roles pasivos como que el otro es parte de sí mismos, si no se encuentran incompletos e inseguros. La pareja tiene que complementar, no completar.

La cuestión que queremos buscar es establecer relaciones interpersonales sanas para poder disfrutar adecuadamente y evitar sufrimientos innecesarios que puedan derivar en verdaderas dificultades emocionales.

Si tienes alguna duda sobre este tema u otros mitos que creas relevante añadir puedes dejarnos tu comentario y estaremos encantados de atenderte 🙂

Carla Melián - Distanciamiento

Si echamos la vista atrás todos tenemos asuntos inconclusos, episodios con final abierto que de vez en cuando llegan a nuestra conciencia y nos la remueven, generando malestar y traduciéndose en un día malhumorado o una noche de insomnio. La mayoría de nosotros opta por guardar este asunto como si fuera polvo debajo de la alfombra, aún sabiendo que nuevamente nos tropezaremos con ella. En ocasiones, estos asuntos nos resultan tan incoherentes o disonantes que preferimos evitarlos, dado que no los entendemos y nos generan ansiedad o tristeza. Creemos que el estado de ese asunto no puede mejorar y por tanto, intentamos destinarlo al olvido. Claro que cuantas más emociones nos suscite el recuerdo, más difícil será olvidarlo.

Muchas veces estos asuntos generan un malestar bidireccional cuando hay más personas implicadas. Debemos tener en cuenta que puede ser que ambas personas estén sufriendo y ninguna se atreva a dar el paso ya que está esperando a que la otra persona lo dé. Este voto de silencio solo acentúa más el enfriamiento de la relación y el malestar existente.  Aquí entramos en una lucha de egos, el orgullo antepuesto a la paz común, al bienestar. Es cuando surgen frases del tipo: “El que la cagó fue él, así que tiene que ser él el que dé el primer paso”.

Se pueden dar diferentes situaciones:
a) Ambas personas se han hecho daño y una de ellas no lo asume.
b) La persona más dolida no ha expresado su malestar y el otro no se ha dado cuenta o no quiere darle importancia.
c) Una de las personas piensa que la otra parte prefiere no hablarlo. Lo que se traduce en la espera eterna de quién da el primer paso.

Al final, muchísimos de los malentendidos y del distanciamiento de las relaciones se dan por falta de comunicación y por dar por hecho que el otro sabe perfectamente cómo nos sentimos. La otra persona también tiene sentimientos, forma propia de pensar y sentir, y eventos o preocupaciones que pueden estar obstaculizando ese proceso de empatía. Debemos tener en cuenta que cada persona puede reaccionar y pensar de forma diferente porque ni tiene tu misma configuración mental, ni ha pasado por tus mismas experiencias, ni está pasando lo mismo que tú en el presente. Con lo que puede ser que hoy tú sientas que necesitas más apoyo que nunca porque has suspendido un examen muy importante y no pares de hablar de ello, cuando a lo mejor tu amigo está disperso pensando en que esta mañana casi lo atropellan, y él a lo mejor no quiere decirte nada para que no te pongas más nerviosa o porque sigue en shock.

Las interpretaciones de un mismo acto pueden ser múltiples y dependen de cada persona y cada momento. La verdad es que no siempre estamos igual, y para ser lo más comprensivos y adaptativos posibles podemos entrenar nuestra flexibilidad cognitiva o mental, donde tendremos en cuenta estas pequeñas cosas que nos ahorrarán muchos malentendidos si nos comunicamos eficazmente (sobretodo en las apps de mensajería). Se podría llegar a un acuerdo del que todos partamos (aunque sea entre amigos), de modo que todo lo que se lea va a estar siempre observado bajo las gafas del “bienpensado, con las que leeremos las cosas que nos escriben nuestros amigos desde el punto de vista de “es mi amigo, voy a pensar el mejor sentido que puede tener esta frase” a no ser que él indique lo contrario. Ya que puede ser que un día la frase “no me apetece hablar, estoy cansado”, tenga como respuesta “es verdad, lo entiendo, ha sido un día intenso”; otro día puede tener como respuesta “estás cansado solo para hablar conmigo”.

Asuntos pendientes
Si nos entrenamos en ver las situaciones con perspectiva, llegará un momento en que relativizaremos los sucesos y nuestra calidad de vida aumentará.

Las relaciones interpersonales están fluctuando constantemente, al margen de que nos vendan la imagen de que el ser humano debe ser organizado, planificado, estable, ordenado, tendemos al caos y al desorden también, forma parte de nuestra naturaleza. Sucede que tendemos a querer presentar esa imagen de estabilidad para ser coherentes con el rol que desempeñamos en la sociedad en la que vivimos, para encajar en la imagen que los demás tienen de nosotros mismos porque las incongruencias con nuestra forma de pensar no las llevamos bien. 

Dependiendo del contexto podemos tener múltiples roles, a veces muy distantes. Por ejemplo, una chica que en la universidad comenzó tímida, los demás se hicieron una imagen de ella en su cabeza de “chica tímida”, “le cuesta hablar”, “prefiere estar sola”. Sin embargo, esta misma chica en su grupo de amigos puede tener un rol completamente diferente “chica extrovertida”, “simpática”, “sociable”. Puede que incluso pasen los años y esa chica haga amigos en la universidad y puede que cambie el rol progresivamente en la mente de sus compañeros, pero puede que necesite más esfuerzo para conseguirlo, no solo por sí misma para superarse sino para que los compañeros cambien el perfil que le asignaron. Por eso suele pasar que cuando una persona que tenemos encasillada en alguna categoría como por ejemplo la anterior “persona tímida”, de pronto hace algo que nos sorprende muchísimo como bailar en público, nos sorprende porque no nos cuadra dentro de la imagen que nosotros mismos nos hemos hecho de esa persona sin realmente llegar a conocerla. Prácticamente nos sienta hasta mal, porque a lo mejor tenemos que reestructurar la imagen que ya habíamos establecido sobre esa persona. Sería mucho más fácil dejar las cosas así, pero es un error, las personas somos mucho más que impresiones superficiales y roles estáticos e inflexibles.

¿Qué hacer entonces con los asuntos inacabados? Si es un tema que te genera más malestar de la cuenta, trata de solucionarlo, hablarlo con la persona, déjate de orgullos que solo impiden alcanzar la paz («¿qué es lo peor que puede pasar?, ¿se puede empeorar la situación realmente?»). Aunque haya pasado mucho tiempo, el tiempo da perspectiva, y al no tener esos tintes emocionales puede ser bastante más fácil hablarlo y llegar a un entendimiento sea con perdones de por medio, aceptando cada uno su parte de responsabilidad u otras formas. ¿Quién sabe? Incluso podría comenzar algo nuevo a partir de aquí. Por supuesto, en esta charla con fin de reconciliación no se trata de echar culpas a nadie, ni intentar sentir mal al otro, es recomendable hablar desde el “yo me siento…” o “yo me sentí… “ y que no vaya seguido de un decepcionado ni nada parecido, por favor. Un ejemplo, “yo me sentí mal porque esperaba poder contar con tu apoyo en esta situación y desgraciadamente por malentendidos entre ambos no pudo ser, eres muy importante para mí y me encantaría solucionar esta situación que me entristece muchísimo”. “Me hubiese gustado que estuvieras conmigo porque te considero mi mejor amigo y, por ello me encantaría que estuvieras en todas mis situaciones malas como a mí me encantaría estar en las tuyas”.

Asuntos pendientes
Hay asuntos en nuestra vida que al estar abiertos vuelven a nuestra mente de forma cíclica cada cierto tiempo.

Como ya dije, no se trata de culpabilizar sino de mostrar los sentimientos que experimentamos con la situación, así la otra persona no se siente atacada y se le alienta a explicar también sus propios sentimientos; otro ejemplo sería, “yo me sentí mal de no poder estar acompañándote, pensé que querías que estuviera lejos porque no nos hablábamos”. “Siento mucho que te sintieras mal, no me gusta que te sientas así, me gustaría volver a estar bien contigo”. Muchas veces las personas no escuchamos y nos obcecamos en que los otros han metido la pata porque me han hecho sentir mal y eso es lo que importa, cuando a veces somos nosotros los que hemos pecado de susceptibles o de no escuchar. No significa que todo tenga justificación, pero hay que escuchar por si la solución consiste solo en eso, escuchar. 

En ocasiones, estos baches en las relaciones suelen ser por “estupideces”, cosas que resultan tener una repercusión que no se adhiere a la importancia del hecho en sí. Son las situaciones que si le pasan a alguien decimos o pensamos “pues tampoco es para tanto”, pero nos pasan a nosotros y entramos en el proceso que antes comentábamos y vemos gráficamente aquí:

¿Cómo actuar cuando se presenta una situación problemática y que no termine siendo un drama de telenovela? Una técnica efectiva puede ser distanciarse del evento (técnica del autodistanciamiento), analizándolo como si fueras una persona externa al problema. De modo que si un amigo viniera con tu mismo problema ¿qué le dirías?.
Te puedes preguntar a tí mismo también: “dentro de 5 años ¿esto me va a importar?, ¿me voy a acordar siquiera?”.
Otra alternativa para que no suceda o empeore la situación es no hablar cuando sientas que ese calor interno te invade (ira/enfado), una vez estén más tranquilos hablar será mucho más fácil y productivo.

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