Carla Melian - Cuarentena

Durante todo este estado de alarma hemos podido presenciar como personas se saltan el confinamiento, no guardan las distancias, no usan ningún tipo de protección frente al virus. Además, conforme hemos podido ir saliendo de nuestros domicilios hemos podido observar como la tendencia hacia estas «conductas confiadas» cada vez es más frecuente. Es decir, cada vez más son las personas que optan por «bajar la guardia» frente al contagio. ¿A qué se debe esto? Al fenómeno llamado ilusión de invulnerabilidad.

¿Qué es la ilusión de invulnerabilidad?
Es un error típico en el pensamiento humano. Concretamente consiste en una percepción irreal que subestima el riesgo que corremos frente a eventos negativos, es decir, creemos que nosotros mismos tenemos menor probabilidad de sufrir un evento negativo que otra persona.

Es por esto, que las personas más arriesgadas tendrán una mayor ilusión de invulnerabilidad que las personas que son más precavidas. Las personas más arriesgadas pensarán que ellas no van a contraer el virus o que no les afectará. Esta actitud hemos podido verla incluso en grandes dirigentes internacionales que por encima de la opinión de los expertos en la materia han decidido mantener una vida normal tanto para ellos como para sus países.

¿Qué sucede con las personas precavidas?
Como hemos comentado estas personas tienen menor ilusión de invulnerabilidad lo que se traduce en mayor cantidad de conductas protectoras. Las personas precavidas experimentarán mayores niveles de ansiedad y preocupación que las personas más arriesgadas. Así como más interés en realizar búsquedas de información sobre el tema.

¿Qué sucede con las personas exageradamente precavidas?
Estas personas son las que más sufren en el confinamiento. Experimentan los niveles más altos de ansiedad, preocupación y problemas con el sueño, lo que les lleva a aumentar la frecuencia de conductas protectoras. Por ejemplo, limpiando desproporcionadamente su casa, la compra, etc. El objetivo de estas conductas es el de paliar la incertidumbre y la sensación de falta de control que estamos experimentando. Como colofón se añade la saturación de información, de modo que estas personas tenderán a informarse más sobre el tema y sobre nuevas conductas protectoras que llevar a cabo. Todo ello formando el siguiente circulo: Búsqueda de información-Conducta protectora-Baja ansiedad-Saturación de información-Alta ansiedad-Conducta protectora (reiniciar el círculo).

¿Por qué buscamos tanta información?
Los humanos estamos programados para detectar más la información amenazante para nuestra existencia que para la información positiva o neutra. Se basa en el instinto de supervivencia, nosotros como animales seremos más sensibles a datos sobre posibles peligros que a la información que no afecta a nuestra vida. Con esta búsqueda de información constante intentamos elaborar las mejores estrategias para prepararnos para dicha amenaza. Esto tiene el contrapunto de crear saturación y los efectos positivos que podían generar en bajas dosis pasan a ser negativos, ansiedad, agobio, miedo, etc.

¿Por qué esta situación nos resulta tan amenazante?
El confinamiento por Coronavirus ha sido especialmente complejo de integrar en nuestra realidad por diversos motivos:
1. Novedad. Estamos ante una situación insólita, nunca antes vivida por nosotros y que recuerda a grandes tragedias de la historia. Pensábamos que esas masivas enfermedades contagiosas formaban parte del pasado.
2. Deterioro de la sensación de seguridad. La ilusión de invulnerabilidad que nos ayuda a que los miedos sean afrontados y no se conviertan tan fácilmente en fobias ha sido puesta en jaque por este nuevo y desconocido virus.
3. Afectación de la sensación de control. Resulta que las conductas individuales son importantes pero no lo son todo, hemos necesitado crear una conciencia colectiva que nos ayude a afrontar el Coronavirus. Esta conciencia colectiva ha llamado a que las personas aúnen sus esfuerzos para conseguir un bien común, superar esta crisis que nos afecta a todos. Con lo que las conductas individuales son importantes pero, de nada sirve que yo tome medidas si el vecino no lo hace. Si yo me pongo la mascarilla te protejo a ti, pero si tú no te la pones no me estás protegiendo. Las mascarillas no sirven para protegerse a uno mismo, sirven para no contagiar a los demás.

Por último, recordar a los lectores que es completamente normal sentir esas sensaciones de ansiedad, pero que si en algún momento se sienten demasiado mal y no parece que mejoren ni vayan a hacerlo, estamos l@s psicólog@s para dotaros de los mejores recursos para hacer frente a esas sensaciones tan desagradables. Porque las personas podemos soportar cierto malestar, pero sufrir por sufrir toda la vida cuando solo tenemos una, no podemos dejarlo pasar.