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Durante todo este estado de alarma hemos podido presenciar como personas se saltan el confinamiento, no guardan las distancias, no usan ningún tipo de protección frente al virus. Además, conforme hemos podido ir saliendo de nuestros domicilios hemos podido observar como la tendencia hacia estas «conductas confiadas» cada vez es más frecuente. Es decir, cada vez más son las personas que optan por «bajar la guardia» frente al contagio. ¿A qué se debe esto? Al fenómeno llamado ilusión de invulnerabilidad. Veamos si estamos bajando la guardia con el coronavirus

¿Qué es la ilusión de invulnerabilidad?

Es un error típico en el pensamiento humano. Concretamente consiste en una percepción irreal que subestima el riesgo que corremos frente a eventos negativos, es decir, creemos que nosotros mismos tenemos menor probabilidad de sufrir un evento negativo que otra persona. Es por esto que las personas más arriesgadas tendrán una mayor ilusión de invulnerabilidad que las personas que son más precavidas. Las personas más arriesgadas pensarán que ellas no van a contraer el virus o que no les afectará. Esta actitud hemos podido verla incluso en grandes dirigentes internacionales que por encima de la opinión de los expertos en la materia han decidido mantener una vida normal tanto para ellos como para sus países. Esto sensación puede hacer que, efectivamente, estemos bajando la guardia con el coronavirus.

¿Qué sucede con las personas precavidas?

Como hemos comentado estas personas tienen menor ilusión de invulnerabilidad lo que se traduce en mayor cantidad de conductas protectoras. Las personas precavidas experimentarán mayores niveles de ansiedad y preocupación que las personas más arriesgadas. Así como más interés en realizar búsquedas de información sobre el tema. Estas personas podrían no estar bajando la guardia con el coronavirus, pero podrían tener más estados emocionales negativos si ese estado precavido se exagera desmesuradamente, lo que veremos a continuación.

¿Qué sucede con las personas exageradamente precavidas?

Estas personas son las que más sufren en el confinamiento. Experimentan los niveles más altos de ansiedad, preocupación y problemas con el sueño, lo que les lleva a aumentar la frecuencia de conductas protectoras. Por ejemplo, limpiando desproporcionadamente su casa, la compra, etc. El objetivo de estas conductas es el de paliar la incertidumbre y la sensación de falta de control que estamos experimentando. Como colofón se añade la saturación de información, de modo que estas personas tenderán a informarse más sobre el tema y sobre nuevas conductas protectoras que llevar a cabo. Todo ello formando el siguiente circulo: Búsqueda de información-Conducta protectora-Baja ansiedad-Saturación de información-Alta ansiedad-Conducta protectora (reiniciar el círculo).

Carla Melián - Psicóloga en Las Palmas de Gran Canaria - ¿Estamos bajando la guardia con el Coronavirus? - Círculo vicioso

¿Por qué buscamos tanta información? ¿Por qué estoy leyendo este artículo? ¿Por qué no sé si estamos bajando la guardia con el coronavirus?

¿Estás leyendo este artículo? Entonces, si aún estamos en cuarentena, estarás buscando información sobre si estamos bajando la guardia con el Coronavirus, si es peligroso aún, si es «sano» salir a la calle, si hay muchas muertes o enfermos, etc.

Los humanos estamos programados para detectar más la información amenazante para nuestra existencia que para la información positiva o neutra. Se basa en el instinto de supervivencia, nosotros como animales seremos más sensibles a datos sobre posibles peligros que a la información que no afecta a nuestra vida. Con esta búsqueda de información constante intentamos elaborar las mejores estrategias para prepararnos para dicha amenaza. Esto tiene el contrapunto de crear saturación y los efectos positivos que podían generar en bajas dosis pasan a ser negativos, ansiedad, agobio, miedo, etc.

¿Por qué esta situación nos resulta tan amenazante?

El confinamiento por Coronavirus ha sido especialmente complejo de integrar en nuestra realidad por diversos motivos:

  1. Novedad. Estamos ante una situación insólita, nunca antes vivida por nosotros y que recuerda a grandes tragedias de la historia. Pensábamos que esas masivas enfermedades contagiosas formaban parte del pasado.
  2. Deterioro de la sensación de seguridad. La ilusión de invulnerabilidad que nos ayuda a que los miedos sean afrontados y no se conviertan tan fácilmente en fobias ha sido puesta en jaque por este nuevo y desconocido virus.
  3. Afectación de la sensación de control. Resulta que las conductas individuales son importantes pero no lo son todo, hemos necesitado crear una conciencia colectiva que nos ayude a afrontar el Coronavirus. Esta conciencia colectiva ha llamado a que las personas aúnen sus esfuerzos para conseguir un bien común, superar esta crisis que nos afecta a todos. Con lo que las conductas individuales son importantes pero, de nada sirve que yo tome medidas si el vecino no lo hace. Si yo me pongo la mascarilla te protejo a ti, pero si tú no te la pones no me estás protegiendo. Las mascarillas no sirven para protegerse a uno mismo, sirven para no contagiar a los demás.

Por último, recordar a los lectores que es completamente normal sentir esas sensaciones de ansiedad, pero que si en algún momento se sienten demasiado mal y no parece que mejoren ni vayan a hacerlo, estamos las/os psicólogas/os para dotaros de los mejores recursos para hacer frente a esas sensaciones tan desagradables. Porque las personas podemos soportar cierto malestar, pero sufrir por sufrir toda la vida cuando solo tenemos una, no podemos dejarlo pasar.

Son tiempos complejos y extraordinarios, esta cuarentena impuesta puede tornarse para algunas personas insoportable a todos los niveles. La relación de pareja, concretamente, puede verse especialmente afectada debido a la gran cantidad inesperada de tiempo compartido. Además, ¿quién se esperaba estrenar una nueva y prometedora década con una cuarentena?. Todavía muchos estamos en proceso de asimilación, y eso hace complejo sobrevivir con nuestra pareja en esta tan compleja cuarentena que estamos viviendo.

No paramos de discutir. Lo ideal es prevenir el conflicto antes de que ocurra. Sin embargo, si ya se ha producido el inicio, podemos poner en práctica la técnica que comentaremos a continuación.

Vamos a ver cómo podemos disfrutar de este tiempo juntos y así salir reforzados como pareja. ¿Misión imposible?.
A veces solo hace falta destinar los recursos a las actitudes adecuadas, es decir, menos esfuerzos en reprochar y discutir y más en sorprender a tu pareja con un halago o algún reconocimiento.

Sobrevivir con nuestra pareja esta cuarentena gracias a la técnica de detención del conflicto

  1. En el momento en que uno de los miembros de la pareja se dé cuenta de que la situación solo puede ir a peor, se utilizará una palabra que será SAGRADA. Para ello, escogeremos una palabra cualquiera, por ejemplo, «tregua» (se puede probar con alguna palabra que a ambos les haga gracia).
  2. Una vez uno de los miembros pronuncie dicha palabra habrá un retiro físico de la pareja. Cada uno se va a un sitio diferente de la casa y trata de relajarse buscando argumentos contrarios a los que estaban fomentando la discusión. Ejemplo: Lucía estaba discutiendo con Hugo porque ella piensa que Hugo no ayuda nunca en las labores domésticas. Hugo, sin embargo, no piensa que eso sea verdad, ya que él se queda con los niños mientras Lucía hace las labores domésticas.
    Bien, imaginemos que Hugo dice «tregua». Cada uno se va a un lado, y el ejercicio consistiría en que cada uno buscara razones contrarias a las que defiende. Así, Lucía pensaría «Pues sí que es verdad que Hugo se queda con los niños y gracias a eso puedo hacer las cosas de la casa más tranquila», y Hugo pensaría «Es verdad que no tiendo o lavo los pisos, ¿tal vez prefiera que le eche una mano aunque los niños estén por ahí? o ¿tal vez podamos cambiarnos?.

¿Qué conseguimos con esto?

Esencialmente , iniciaremos un proceso que responde al motivo por el que lees este artículo: sobrevivir con nuestra pareja en esta cuarentena (y las que surjan, que esperemos que no sean muchas…). Ambos reducirán su nivel de estrés y de ira, ya que se han retirado del conflicto. Además, han encontrado razones que pueden ayudar a entender la visión del otro, con lo que ya pasamos de la defensa y el ataque a la comprensión y resolución de conflictos. En este caso, si Hugo expresa esas alternativas que se le han ocurrido pueden llegar a una solución que minimice los conflictos. Probablemente, Lucía quede más satisfecha que seguir del mismo modo. A Hugo puede ser que al principio le cueste un poco, o que incluso prefiera seguir del mismo modo, porque está acostumbrado a estar con los niños y puede que así lo prefiera, pero a largo plazo sabe que es lo más conveniente y justo para su relación.

PD: A lo largo de este periodo, iremos lanzando capítulos cortos sobre cómo sobrevivir con nuestra pareja en esta cuarentena. ¡Permanece atenta/o!

Al cabo de un tiempo puede pasar que nuestra pareja no nos parezca la misma: ¿Cambió?, ¿estoy conociendo ahora a la persona que realmente es? Evidentemente, cuando acabamos de conocer a una persona es imposible conocer todos sus aspectos en todas las situaciones posibles. Sin embargo, con el tiempo nos vamos haciendo una idea cada vez más ajustada a la realidad. Al final, si no nos cuadra con lo que inicialmente pensábamos podríamos decirnos a nosotros/as mismos/as algo como «mi pareja me ha decepcionado»

¿Cómo se forman esas expectativas?

Las expectativas, en general, se van formando progresivamente así como van cambiando y adaptándose a nuevas vivencias. Desde nuestra infancia, se van creando expectativas en base a todo lo que nos rodea, influenciadas por la educación que recibimos, lo que vemos en casa y en nuestro entorno. Un buen ejemplo es cómo la relación de nuestros padres nos enseña lo que nosotros consideraremos «normal» en una relación. Al fin y al cabo es la relación que primero presenciamos y además se trata de la relación que mantienen nuestros referentes vitales.

Me he hecho ilusiones y, al final, mi pareja me ha decepcionado

De serie los humanos formamos expectativas porque tienen una gran utilidad para nosotros. Una de ellas es conseguirnos mucha información en poco tiempo preparándonos para las situaciones que vamos a vivir, de modo que nos ayudan a tolerar la incertidumbre: ¿Cómo será?, ¿qué pasará?, son preguntas frecuentes que no tardamos en contestar con las expectativas.

¿Qué pasa si mi pareja no cumple mis expectativas?

Lo habitual es que al principio nuestra pareja nos parezca que cumple prácticamente con todas nuestras expectativas. Esto se debe a que uno trata de lucir lo mejor de sí mismo al comienzo, pero también se debe a que la otra persona, osea, yo, estoy predisponiéndome a buscar pistas que confirmen que dicha persona cumple mis expectativas, y solemos ignorar la información que contradice este hecho.

Claro, no nos interesa en ese momento darnos cuenta de que realmente esa persona es como es, y no tiene por qué cumplir a la perfección con esa imagen que buscamos. Este «error» en psicología lo denominamos sesgo de confirmación y es muy común en el pensamiento humano a todos los niveles. El sesgo de confirmación es el que nos «ciega» en cierto modo, y lo que nos hace pensar que nuestra pareja nos ha decepcionado si no ha cumplido con esa figura que inicialmente habíamos ideado, haciéndonos incluso cuestionarnos si tenemos futuro juntos o si, sin querer, hemos conformado una relación tóxica.

¿Qué conclusiones sacamos?

Es normal que en las fases de conocerse y enamorarse solo veamos la parte que nos gusta. Esto no significa que no exista esa parte que no nos guste o que nos guste menos. Simplemente empezamos a apreciarla más tarde porque estamos ensimismados y no vemos más allá en esos momentos. Muchas veces no es que nuestra pareja nos decepcione, sino que nosotros nos creamos unas falsas expectativas en base a una imagen que hemos proyectado inicialmente ¡Tranquilos, es humano!.